ACTO 21 DE MAYO 2010

1274300227279-CombateNavalIquique2.jpgAquel 21 de mayo de 1879, la "Esmeralda" y "La Covadonga" se encontraban frente al puerto peruano de Iquique.  En la madrugada de ese día, en medio de una espesa niebla, el vigía  señaló “Humos  al Norte”: eran El Huáscar y La Independencia.  La Esmeralda, imposibilitada de moverse por tener malas sus calderas, recibió los bombardeos del Huáscar durante toda la mañana. Cuando ya no quedaba nada más que hacer, Arturo Prat, junto al sargento Aldea y un marinero anónimo saltaron al abordaje del buque enemigo. En su valiente tarea le siguieron el teniente Serrano y una decena de tripulantes que entregaron su vida en esa acción... Al poco rato, la fragata Esmeralda se hundió. Eran las 12:10 cuando los botes del Huáscar recogían a los 50 sobrevivientes chilenos.

 A  pocos días de ocurridos los hechos,  el comandante peruano Miguel Grau, desde la cubierta del monitor Huáscar  escribía a la viuda del capitán  Prat, señora Carmela Carvajal.

 “Dignísima señora:  Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla

Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas”.

 La respuesta de la viuda del héroe chileno no se hizo esperar

 “Distinguido Señor: Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del "Huáscar", en 2 de Junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted a acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable, por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos de mi familia, o consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre”.

 Hoy,  a 131 años  de los eventos narrados, creo necesaria una reflexión acerca de las guerras, la carrera armamentística  y los nuevos desafíos  de los ejércitos  de  los países latinoamericanos, sin dejar de lado, naturalmente,   su rol de garantes de la Defensa Nacional. Al respecto,  entrego una sugerencia muy concreta y a continuación una propuesta que amplía y de alguna manera modifica el rol de los ejércitos en América Latina.

 Acerca de lo primero y una vez leídas las cartas precedentes me pregunto por qué Chile aún no devuelve el Huáscar  al Perú  así como Miguel Grau entregó la espada y otros objetos personales de Prat a su viuda.

  Respecto de lo segundo y en el contexto de los balances históricos que nos arroja el Bicentenario, hoy en la conmemoración de esta gesta  de tanto significado para Chile, me permito algunos planteamientos considerando los siguientes elementos:

 En relación a los actuales gastos militares en América Latina el  último informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres,  considerando el gasto militar per  cápita, señala lo siguiente: Chile gasta 290 dólares per cápita; Colombia, 123; Venezuela, 101; Brasil, 86; Ecuador, 48; Argentina, 47; Perú, 39 y Bolivia 17 dólares per cápita. Si se mide el gasto en relación al producto interno bruto (PIB) Colombia es la primera con  4 %  del producto y segundo está Chile  con 3,2 %. El resto, incluidos Brasil, Colombia,  Venezuela y Perú destinan menos del 1,5 por ciento de su PIB a la Defensa.  Sin embargo, igualmente hay que señalar que  no  todos los países informan de igual manera sobre sus gastos militares. Mucho se ha hablado de buscar métodos para transparentar y homologar los gastos militares. Es una tarea pendiente que le correspondería asumir al recién creado Consejo de Defensa de UNASUR.

Otro dato : según el último  Informe del Instituto Internacional de Estudios de Estocolmo, América Latina tuvo un drástico aumento en sus gastos militares  en el período   2005-2009 comparado con el período anterior (2000-2004).

  Para frenar las actuales tendencias en compras de armas en América Latina, se deben disminuir  los índices de inseguridad en la región. Todo aquel país que se sienta inseguro va a incrementar su gasto en armas. Tal vez, una manera de aminorar esa inseguridad y como gesto concreto de una actitud  de mayor confraternidad regional, se hace necesaria   la creación de un organismo  sudamericano que permita enfrentar catástrofes naturales en nuestros territorios: no olvidemos las  inundaciones  en Machu Pichu,  las lluvias mortales en las favelas de Río de Janeiro y, por cierto, el terremoto que hemos  vivido en Chile el último 27 de febrero.

    Un dato más: Chile sólo posee 3 aviones Hércules, aviones que son de carga y que permiten transportar suministros a diferentes partes del país de manera rápida ante emergencias. Lo normal es que 1 esté operativo, otro en reparaciones y a veces uno fuera del país, ni hablar de la telefonía satelital…Es necesaria una reevaluación en el uso que se da a los dineros destinados a las FFAA y darle un enfoque más cercano a la comunidad especialmente ante  catástrofes naturales.

  El enfoque de futuro en la región debe estar orientado a que las FFAA  actúen apoyando y ayudando operativamente tanto en Chile como en otros países de la zona. Los ejércitos son altamente eficientes y disponen de la dotación humana, logística, comunicacional y operativa necesaria para aminorar los traumas que implican las  manifestaciones de la naturaleza como el terremoto que nos ha azolado hace pocos meses y cuyas  consecuencias las vemos cada día. Puentes mecanos, hospitales de campaña, ranchos, operaciones rastrillo para búsqueda de personas, rescate, operativos de salud  y tantas otras  actividades, alguna de las cuales observamos  tras el terremoto.

Nadie desconoce  el rol de Defensa del país que poseen, pero si se frena la compra de armas y las confianzas se hacen presentes en las cancillerías latinoamericanas, tal vez  recuperemos un nacionalismo más sano, ese que  es reflejo de identidad, que nos hace querer nuestro terruño, que nos hace valorarnos por lo que somos y lo que soñamos, pero no a costa de subvalorar a nuestros hermanos latinoamericanos. Las lágrimas  de un peruano, colombiano, chileno o mexicano ante una catástrofe natural son las mismas, todos sentimos miedo, dolor, desamparo; es que somos todos iguales, somos seres humanos y ante el dolor debemos ser una nación latinoamericana que se apoya.

Chilenos, no tenemos que ser mejores que nadie, sólo debemos superarnos a nosotros mismos y aportar para el desarrollo de una cultura más acogedora, una cultura que promueva la paz y el desarrollo humano....  continuaremos hasta cambiar nuestra historia.

                                                                                     

                                              Ma. Eglantina Campaña Villalobos

                                                                                                

 

                                                                                                  

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